¿Quién es el zapatero de las culturas?

Cochabamba, 13 de febrero (Red País).-
Cuando se anunció que Wilma Alanoca asumiría el Ministerio de Culturas y Turismo se armó revuelo y con justa razón: Los datos difundidos de su perfil no mostraban experiencia ni especialidad en estas áreas. Concuerdo en que cualquier cargo debe ser asumido por personas idóneas, pero me preocupan ciertas opiniones en grupos de arte y culturas, donde varios criticaban la elección y repetían dos frases: Que se debería nombrar a un artista, porque solo ellos entienden las necesidades del campo cultural y "zapatero a tus zapatos".

Ya en las reuniones sobre el anteproyecto de Ley de Culturas muchos artistas expresaron su desacuerdo por la participación de otros actores en el debate. Irónicamente preguntaron: ¿Qué sabe un [inserte oficio aquí] de cultura? Grave. Pensar que las culturas corresponden solo a los artistas y al arte es un retroceso, es una mirada sesgada y egocéntrica que desconoce que están construidas por todo el tejido social, que las expresiones artísticas son solo una pieza más de ese complejo rompecabezas y que hay una infinidad de expresiones, prácticas y oficios que las conforman.

Es tan latente esta "confusión" que incluso se desdeña a la labor más cercana, es decir la gestión cultural. Luego se nos olvida que hacen falta arquitectos para poner en juego el patrimonio, que tener abogados especializados permitiría delinear políticas culturales, que el Estado escuda su inacción en la ausencia de datos (como el aporte al PIB) y nos hacen falta estadistas, economistas e investigadores para hacerle frente, que nuestro país tiene 36 lenguas oficiales en cuya preservación es esencial la labor de lingüistas, que despreciamos a la comunicación pero la culpamos cuando hay poco público, que el laberinto de impuestos es imposible sin la guía de contadores y, lo más importante, que allí están las expresiones de pueblos indígenas, aquellas de las que nos vanagloriamos siempre, pero en las que pensamos poco.

Hace falta dejar de creer en ese aura de seres extraordinarios, únicos y diferentes que parecen tener los artistas, dejar de pensar que solo ellos conforman un campo tan complejo, amplio y diverso; ya que esa postura convierte a lo cultural en una especie de isla inaccesible que aleja a una buena parte de la sociedad, lo que tiene consecuencias graves: La imposibilidad de un ejercicio pleno de los derechos culturales, un aparato estatal que cree que las culturas son ornamentales y accesorias, la poca convocatoria para exigir mejores condiciones, o que el exministro responda "pucha, no sé" cuando le preguntan para qué hace falta el 1 por ciento del PGE en culturas.