Entre la decadencia y el renacimiento: Reminiscencias del carnaval de antaño y su retorno gracias a las fraternidades

Cochabamba, 26 de febrero (Red País).-

Walter Gonzales Valdivia

Quillacollo enfrenta la posibilidad del renacimiento de su carnaval de antaño y la construcción de una nueva identidad cultural local, gracias a la participación protagónica de los grupos afiliados a la Asociación de Fraternidades Folklóricas Virgen de Urkupiña.

En el pasado Quillacollo ostentaba el título de contar con el mejor carnaval de Cochabamba, en especial del Valle Bajo, que lamentablemente fue decayendo por la ausencia de apoyo municipal y empresarial, y el juego desmedido con globos y agua. Queda en el recuerdo de los quillacolleños de antaño, esos maravillosos años, que intentamos reflejar en esta nota como una contribución al resurgimiento de un nuevo carnaval como un aporte a la identidad, cultura y turismo.

AGUAS PERFUMADAS

A principios de 1900, cuando Quillacollo era una pequeña y risueña ciudad, la gente celebraba el carnaval con el uso de cascarones con aguas perfumadas y policromas que eran candorosamente lanzadas contra la humanidad de las personas en juego.

De las fiestas participaban las siempre añoradas pandillas conformadas por familias tradicionales que se enfrentaban en sana rivalidad con otros grupos. Las pandillas recorrían las principales calles para concentrarse en la plaza principal donde daban rienda suelta a sus penas y alegrías, amenizadas al son de concertinas, mandolinas, guitarras y acordeones, además de coplas amorosas y picantes que satirizaban a los bandos oponentes.

A mediados del pasado siglo (1950), las tradiciones se mantuvieron con la irrupción de grupos familiares, que en comparsas, rivalizaban los festejos participando de improvisados corsos, mientras continuaba la tradición de los cascarones con aguas perfumadas y la improvisación de las coplas, como fiel expresión de la vivacidad nativa y criolla. Asimismo, visitaban los domicilios de vecinos, que halagados, invitaban suculentos platillos y sendos tutumazos de chicha y otros tragos, para luego proseguir a otras viviendas.

ESPLENDOR Y APOGEO

El carnaval quillacolleño alcanzó su máximo brillo y esplendor a fines de la década del 60 hasta los 80, con la fundación de grupos familiares conformados por mayores y fraternidades integradas por jóvenes y niños.
En esa época brillaron por su participación las comparsas: Los Pollitos, La UTCH, Los Kjepus, Los Patilludos y otros que estaban conformados por grupos familiares. Asimismo, destacaron y marcaron época, las fraternidades: Los Plater's, Fraternidad Quillacollo y Bafama que rivalizaron por muchos años demostrando la imaginación y creatividad de los jóvenes del centro y sud de Quillacollo.

MILITARES EN ACCIÓN

En las décadas posteriores irrumpieron con fuerza, vigor y desbordante alegría e imaginación, los grupos de las unidades militares acantonadas en Quillacollo, dándole una nueva identidad y personalidad al carnaval quillacolleño que es la que ahora pervive con la adhesión de vecinos, barrios y estudiantes de los establecimientos educativos.

La irrupción militar en el carnaval fue también el aporte quillacolleño más singular al ya afamado Corso de Corsos de Cochabamba.
Ahora el carnaval quillacolleño enfrenta uno de sus mayores retos, ya que se debate entre su renacimiento festivo o su decadencia debido a la escasa visión institucional que atenta la identidad regional.

UN NUEVO REFERENTE

Hay necesidad de una mayor comprensión y conocimiento del fenómeno festivo por parte de los organizadores, pues los efectos multiplicadores del carnaval pueden contribuir a consolidar una industria sin chimeneas en Quillacollo como lo fue hasta la década de los 80, cuando el carnaval quillacolleño era el mayor referente de Cochabamba y paso obligado de visitantes del interior y exterior del país.

Quillacollo por sus nuevas condiciones socioculturales y demográficas, reúne las condiciones para organizar un carnaval pluricultural como síntesis de las culturas del país. Falta visión y un plan estratégico cultural para salvaguardar nuestras tradiciones y costumbres, y proyectar a nuestra ciudad a dimensiones internacionales, gracias a la fiesta de la Virgen de Urkupiña y la presencia de más de 60 fraternidades que debe constituirse en los nuevos actores, independientemente del protagonismo y figuración política de las autoridades ediles de turno.
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